
Y con razón, porque esta libertad cristiana atestigua al
mismo tiempo el supremo y justísimo señorío de Dios sobre los hombres, y el
supremo y principal deber de los hombres hacia Dios. Nada tiene de común esta
libertad con el ánimo sedicioso y desobediente, y en nada deroga al respeto que
se debe a la autoridad pública: en tanto tiene ésta el derecho de mandar y
exigir obediencia en cuanto no disienta en cosa alguna de la potestad divina, y
se mantenga dentro del orden por ésta determinado; pero cuando se manda algo
que claramente discrepa de la voluntad divina, se sale ya de aquel orden, y se
va contra la voluntad divina: y entonces ya no es justo el obedecer.
Encíclica “Libertas” Sobre la libertad humana
Nacionalismo
Católico San Juan Bautista
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