DONDE NO HAY ODIO POR LA HEREJÍA, NO HAY SANTIDAD
“....para esto he
venido al mundo, para
dar testimonio de la
Verdad” (Jn 18, 37)
Si nosotros no odiamos el pecado como Él
debió haberlo odiado, puramente, varonilmente, nosotros deberíamos hacer más
penitencia, nosotros deberíamos infligirnos más auto-castigos, nosotros
deberíamos sentir pesar por nuestros pecados con más constancia. Luego, una vez
más, la suprema deslealtad a Dios es la herejía. Es el pecado de los pecados,
la más repugnante de las cosas que Dios desprecia en este mundo maligno. Sin
embargo, ¡qué poco comprendemos su excesivo carácter odioso! Es la profanación
de la Verdad de Dios, que es la peor de todas las impurezas.
Sin embargo, ¡qué poco caso hacemos de ella!
Nosotros la vemos, y permanecemos calmos. La tocamos y no nos estremecemos. Nos
mezclamos con ella y no tenemos temor. Vemos que toca las cosas santas, y no
tenemos sentido del sacrilegio. Respiramos su olor, y no mostramos signos de
aborrecimiento o repugnancia. Alguno de nosotros aparenta su amistad; y alguno
incluso atenúa su culpa. Nosotros no amamos a Dios lo suficiente para
preocuparnos por Su Gloria. Nosotros no amamos lo suficiente a los hombres para
ser verdaderamente caritativos con sus almas.
Perdido el tacto, el gusto, la visión, y
todos los sentidos de la conciencia celestial, nosotros podemos morar en medio
de esta plaga odiosa con tranquilidad imperturbable, reconciliados con su
vileza, no sin algunas profesiones jactanciosas de liberal admiración, tal vez
incluso con una muestra solícita de simpatía tolerante.
¿Por qué nosotros estamos tan por debajo de
los antiguos santos, e incluso de los modernos apóstoles de estos últimos
tiempos, en la abundancia de nuestras conversaciones? Porque no tenemos la
antigua austeridad. A nosotros nos hace falta el espíritu de la vieja Iglesia,
el antiguo genio eclesiástico. Nuestra
caridad es falsa, porque no es severa; y es poco convincente, porque es falsa.
Nosotros carecemos de devoción a la Verdad
como Verdad, como Verdad de Dios. Nuestro celo por las almas es débil, porque
no tenemos celo por el honor de Dios. Nosotros actuamos como si Dios fuera
cumplimentado por las conversiones, cuando son almas temblorosas rescatadas por
un exceso de misericordia.
Nosotros decimos a los hombres la mitad de la
Verdad, la mitad que mejor convenga a nuestra propia pusilanimidad y vanidad; y
luego nos asombramos que tan pocos se conviertan, y que de esos pocos tantos
apostaten.
Nosotros somos tan débiles como para
sorprendernos que nuestras medias verdades no logren tanto como las verdades
íntegras de Dios.
Donde no hay odio por la herejía, no hay
santidad.
Un hombre, que pudo ser un apóstol, se vuelve
un enconado en la Iglesia por falta de esta justa indignación.
El Padre Frederick
Faber fue uno de los más eminentes y queridos autores católicos del pasado
siglo XIX.
Tomado de La Preciosa
Sangre
Visto
en: Radiocristiandad.wordpress.com
Nacionalismo Católico San Juan Bautista
! Que espiritualidad la de este sacerdote!...Esto es lo que necesitamos ahora. Un solo sacerdote santo puede convertir miles de almas, como hacía también el santo cura de Ars. Que ellos nos ayuden desde el Cielo. Gracias Augusto por estos extraordinarios artículos..
ResponderBorrarEl artículo hablando sobre las herejías es extraordinario. Las herejías nacen, crecen y se desarrollan, cuando el corazón del hombre, es un avispero de contradicciones. " Hablar impropiamente es el principio de todas las herejías". Hoy se alzan voces heréticas en contra de las verdades reveladas, pero muchos las aceptan y las toleran como algo natural; son los nuevos tiempos. Y si todo cambia, y se adecua a las circunstancias del hombre moderno; ¿ Por que no pueden cambiar las verdades de fe ?. Esto es el sentir de muchos que creen que la Iglesia necesita un cambio, una renovación.
ResponderBorrarLas herejías son el fruto maldito de los soberbios, y como hay tantos rebeldes e indisciplinados, los herejes han proliferado como la mala hierba.
En otros tiempos, cuando abundaban los hombres de fe que amaban a Jesucristo y tenían un celo santo por la salvación de las almas; alzaban la voz para combatir las herejías; y los herejes eran expulsados del seno de la Iglesia. Ahora, muchos de ellos, ocupan altos puestos desde donde expanden "doctrinas diversas y extrañas" (Heb 13,9).
Herejes ha habido siempre, pero antes permanecían ocultos, sin atreverse a dar la cara ni a alzar la voz, por miedo a las represalias, pero ahora se ha abierto la veda y la presa a abatir son " Los elegido de Dios a la fe, y al pleno conocimiento de la verdad basado en la piedad" (Tit 1,1) a los que se les tilda de " gente cerrada, rígida y rigorista"
.
Correcto!
Borrar¡Esto es poner blanco sobre negro! Excelente. Gracias
ResponderBorrarCuanta razón tiene el P Fedredick Faber, y que magnifica y sencillamente explicado.
ResponderBorrarMuy bien traído Augusto.
Frederick se entiende que he querido escribir, no el baile de letras que he organizado.
ResponderBorrarSí puedes Augusto, lo corriges tu mismo y anulas estas líneas.
No puedo corregirlo, solo eliminarlo, pero creo que se entiende perfectamente.
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