¿Qué
Justicia querían los que condenaron a Rudolf Hess?

El juicio a Hess fue patético. Sufría de
manifiesta amnesia y síntomas paranoicos que hubieran impedido llevarlo a
juicio. Se intentó presentar a Hess como un farsante y decir que su dolencia
era simulada; ello a fin de validar el juicio llevado adelante en tan
irregulares condiciones. Sin embargo, todos los estudios psiquiátricos
coincidieron en la existencia real de la patología. De hecho, a instancias de
la defensa, el tribunal determinó tres pericias médicas sobre el imputado: una
por los médicos británicos, otra por los americanos y finalmente, una por los
rusos.

Airey Neave, oficial inglés a cuyo cargo
estuvo la entrega del acta de acusación de Hess, refiere: “Los veredictos fueron
pronunciados, por turno, el 30 de septiembre de 1946 por los jueces de las
cuatro potencias. El de Hess fue sólo leído por el general Nikitchenko, el juez
ruso. El tribunal… halló a Hess culpable de crímenes contra la paz y no
culpable de crímenes de guerra ni de crímenes contra la humanidad. En algún
momento del intervalo de veinticuatro horas que medió entre este veredicto y la
pronunciación de la sentencia, el Gobierno Soviético, posiblemente el propio Stalin,
intervino y expresó su más violenta oposición. El 1° de octubre, Nikotchenko,
abochornado, leyó un fallo disidente, aludiendo al trato dispensado a los
polacos en territorio ocupado y declarando a Hess culpable de “crímenes contra
la humanidad”. La pena debía ser de muerte. Se produjo un atónito silencio en
la sala del Tribunal de Nüremberg. Nadie dudaba de que este cambio había sido
ordenado por Moscú. Constituía una burla a las concepciones occidentales de un “proceso
justo”. Desde aquel día los rusos han mantenido su impecable odio a Hess como
un elemento de su política internacional”.
Cita Hutton un comentario hecho al respecto
por Winston Chirchill: “Al reflexionar sobre ese asunto, me alegra
de no ser responsable de la forma en que Hess ha sido y está siendo tratado.
Cualquiera que sea la culpabilidad moral de un alemán que se mantuvo al lado de
Hitler, Hess, en mi opinión, la había expiado con su acto de total entrega y el
fanatismo de su lunática buena intención. Vino a nosotros por su propia y libre
voluntad y, aunque no fue facultado para ello, poseía en cierto modo la
calidad de un enviado. Era un casi médico, no un caso criminal, y como tal
debería ser considerado. Winston Churchill”. Sin embargo, mister
Churchill, el juez inglés, que no era ajeno a sus directivas, no se hesitó al
firmar la condena.
Aun con sus padecimientos, al tiempo de hacer
uso de la palabra por última vez en Nüremberg, tuvo Hess la lucidez necesaria
para pasar lista a muchos de los hechos vergonzosos que había anticipado: “Algunos
de mis camaradas aquí presentes pueden confirmar el hecho de que, ya en los
comienzos del proceso, predije lo siguiente: 1) Aparecerían testigos que
prestarían bajo juramento declaraciones falsas y, al mismo tiempo, podrían
crear una impresión de absoluta veracidad y serían tenidos en muy alta estima.
2) Era de esperar que el Tribunal recibiera declaraciones falsas formuladas por
escrito bajo juramente. 3) Los acusados se verían asombrados y sorprendidos por
algunos de los testigos alemanes. 4) Algunos de los acusados se comportarían de
forma extraña. Harían desvergonzadas manifestaciones sobre el Führer, se
incriminarían unos a otros falsamente. Quizás, incluso, se incriminarían a sí
mismo y falsamente. Todas estas predicciones se han cumplido, por lo que a los
testigos y a las declaraciones escritas se refiere, en docenas de casos; casos
en los que las declaraciones bajo juramento de los acusados se encuentran en
oposición con las anteriormente juradas por ellos… No me arrepiento de nada. Si
hubiera de empezar de nuevo, actuaría como he actuado, aunque supiera que al
final tendría que correr el riesgo de una muerte despiadada. No importa lo que cualquier hombre pueda hacer; algún día compareceré ante el Eterno para ser
juzgado. Yo responderé a Él, ¡y sé que Él me declarará inocente!”.
Hess fue condenado a prisión perpetua, nadie
creyó en el ámbito del tribunal que la pena tendría esa extensión efectiva, la
conciencia de los jueces necesitaba expiarse con un indulto o conmutación de
pena. Sin embargo, nada ocurrió. Todos los intentos por que Hess fuera
liberado, uno de ellos encabezado por el mismo oficial inglés que le impusiera
de la acusación, fueron sistemáticamente desoídos.

Carlos García
Revista Cabildo - 3 Época
- Año XIII N° 101. Págs. 24-25.
Agradecemos
a nuestro amigo Octavio Guzzi por acercarnos el artículo.
Nacionalismo Católico San Juan Bautista
Gran hombre en verdad, intelectual entusiasta, conocedor de la situación del mundial y luchador por un mejor porvenir de la humanidad, junto con otros de su talla quisieron cambiar las cosas de su tiempo. Ejemplo de hombre íntegro que nunca traicionó sus ideales aún a costa de su propia vida, al igual que León Degrlle jamás traicionaron su causa (el Nacional Socialismo). que comparación con nuestros días en que tal parece que no hay causa que valga mas que el propio bienestar, donde se traiciona aún a nuestra Santa Iglesia de forma vil y hartera.
ResponderBorrarDios Nuestro Señor haya perdonado sus faltas, y goce en el reino de los cielos después de tan largo tiempo de tormento. Descanse en paz.
¡Viva Cristo Rey!
"Sin embargo, mister Churchill, el juez inglés, que no era ajeno a sus directivas, no se hesitó al firmar la condena."
ResponderBorrarACLARACIÓN: El autor del artículo, evidentemente, IGNORA que las "directivas" que pueda haber tenido el juez británico, NO PODÍAN haber provenido de Churchill. En efecto, no más terminar la guerra, el gobierrno encabezado por éste fue derribado; y el primer ministro era Mr. Attlee, por cierto que socialista filo-comunista ...